sábado, 20 de junio de 2009

Librería de usados

Esta mañana me paseé por el Centro de esta realmente bella ciudad, una mezcla híbrida de etapas y un lugar sin tiempo, sin más tiempo que el que los hombres no tienen, como diría mi buen amigo Ende. Y como él mismo diría en La Historia Interminable "esa historia es para contarse en otra ocasión".
Fue un momento de perderse por calles que he transitado tantas veces como he venido a la Tierra hasta que me decidí por preguntar a un buen hombre (realmente no conozco ni más mínima seña de aquel viejo) a quien le pregunté: "¿para dónde queda Donceles?" "A dos calles para allá" me dijo señalando hacia atrás. Tuve que entrar por Motolinía y darle la vuelta al metro cuando de pronto me encontré frente al recinto de los idiotas que estaba en remodelación, di la vuelta y busqué las librerías de usados, una de estas apareció ante mí como si la hubiera deseado.
Estaba entrando en un lugar realmente mágico, lleno de cosas por descubrir. Aunque muchos pensarían que una librería solo hay libros, me atrevo a decir que se equivocan cuando se trata de una librería de usados, donde los empleados no tienen la costumbre de dar buena cara y hacen de las suyas. Librería, sala de lectura, exposición de arte, un sitio dónde escuchar música... todo eso se hizo en un espacio de algunos metros cuadrados, llenos de estantes y libros, vacío de gente.
Una vez dentro, di un recorrido breve, con una música de fondo, estridente para el gusto, gustosa para mí; delays, ruidos, juego despreocupado con el sonido, el completo no-hit del Reino Unido, un instante de libertad sonora. De pronto recordé mi tarea y el propósito por el que me encontraba, el pretexto para ir a una librería de usados: un librito (lo más corto posible) en inglés para mi hermano. En fin, retomé en este relato que mi tarea era esa, y cuando conseguí el libro di un recorrido para mí, me acerqué a un encargado con rostro bohemio, algo debilucho, despeinado, excéntrico seguro; le pregunté: "¿tienes Rayuela de Cortázar?" su respuesta fue negativa, entonces me volteé y pregunté: "¿quiénes son?" señalando hacia donde provenía el sonido; "Bauhaus" me contestó, sin duda debía agradecerlo. Tomé un paseo para buscar algo sano para leer, a la derecha una especie de altar o algo así, con unas calaveras al estilo Burton, púrpuras, con rostros de risa y de tristeza "seguro lo hizo el mismo que puso Bauhaus" me dije. En cada pared un dibujo "obscuro" que sinceramente no me gustaron, pero sin duda algo de un alma había ahí... uno tenía una leyenda: "Obra en proceso, exposición no apta para ..." no recuerdo.
Cuando por fin me enfoqué a mi búsqueda encontré libros a bajos precios, de Lewis Carroll, Ernst Hemingway, Carlos Fuentes, y, por supuesto, Julio Cortázar. Efectivamente, no estaba Rayuela, pero sí hallé unos más: Bestiario, Las Armas Secretas, El Perseguidor. Adquirí este último por veinte pesos menos el 10% de descuento. Aún no lo he leído, aunque alguien me ha dicho que lo lea, pero ya. Me dispuse a pagarlos y salí del lugar, con una sonrisa agradecida.
Cuando llegué a casa, busqué inmediatamente el disco de Bauhaus, el cual no tardé en encontrar, en efecto era el mismo que había oído. Precisamente un no-hit del Reino Unido, que ahora forma parte de mi colección y por qué no, de mi memoria.

La Oveja Dinosaurio

1 comentario:

  1. ¡Por dios! Relatas con minuciosos detalles, escribes con palabras tan exats que imagino cómo sería aquel lugar. Eres discreto, no escribes más allá de lo que realmente te interesa escribir, vas directo al grano, qué buena onda :D

    Seguro no te arrepientas de haber pisado aquel lugar, tuviste la oportunidad de conocer algo nuevo (la música).

    Aaaaaaaaaa o o o aaaaaaa, no hay que llorar, que la vida es un carnaval es más bello vivir cantando o o o aaaaaaa.

    Saludos, un abrazo y una felicitación.

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