lunes, 29 de junio de 2009

El Reloj/León de Papel



Caminó por una calle por la cual no había transitado antes, el sol aún no se ocultaba del todo, los últimos rayos iluminaban los follajes de los árboles, ella caminaba con cierta inquietud, el lugar era solitario, al doblar en una esquina se encontró frente a frente con un niño, lo miró directamente a los ojos, pero ya no pudo apartar la mirada de sus ojos y el niño también la miraba con la cabeza gacha, pero levantando la mirada, una mirada de malicia; el cielo que era despejado, comenzó a cubrirse con rapidez inusitada de nubes que anuncian la tormenta, ella no podía apartar la mirada de esos ojos penetrantes, pero podía darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. El reloj, ¿dónde está el reloj?, sin apartar los ojos de esa mirada se tentó la muñeca: lo había olvidado. El niño comenzó a envejecer mientras sostenía la mirada, finalmente, ella pudo dejar de mirar sin dar crédito a lo que acababa de suceder y siguió caminando. El momento en que dobló la esquina, mantener el contacto visual, tocar su muñeca y el envejecimiento del niño, no había durado más de un minuto. Caminó sin creer lo que había sucedido, no miró hacia atrás, siguió caminando por calles que no había visto en su vida, esperando encontrar alguna calle conocida; perdida por completa la noción del tiempo, por olvidar el reloj en el buró, ese encuentro que duró más de un minuto, le pareció que duró las horas, esas horas años, años que se quedaron atrapados en la mirada de malicia de un niño que envejecía ante sus ojos.


León de Papel

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